SIN CAPACIDAD DE PAGO.
(Los Inviables)
Y sucedió lo que tenía que suceder. Que al calor de la plática de los viernes por la tarde, en reunión de amigos y ya bajo los influjos de las bebidas espirituosas, uno de los contertulios, sin más nada, exclamó:
-¡Me cambió a Gómez y no hay regreso!-. Decir lo anterior y tildarlo de loco los demás, fue uno.
-¡Pero qué te pasa!; exclamó uno por allá. Si en Gómez la inseguridad está peor.
-Y las calles son un asco, llenas de baches- agregó otro más.
-Y tiendas para comprar algo decoroso, ni por equivocación. Remachó el de la esquina.
-Acuérdate que nuestro objetivo era venirnos a vivir acá, que era como medíamos el éxito, acotó un gomezpalatino avecindado en Torreón.
Y los comentarios se fueron desgranando en el mismo tono. Que si los tránsitos; que si la policía; que si los malandros; etc.
Solo uno, aparentemente el más sobrio, coincidió con el ponente.
-Yo también he pensado lo mismo, dijo con una leve sonrisa, como escondiendo el pecado. Ya ven que por allá no pagas tenencia, las licencias son más baratas y la tramitología es más ágil. Redondeó ya con confianza.
Todos enmudecieron ante el argumento y aprovecharon la ocasión para degustar por enésima vez la respectiva cerveza.
-¡Caray!, No se trata de eso. Retomó la palabra el candidato a inmigrante. Lo que pasa es que . . . .¡Bueno!, déjenme les cuento. Y empezó:
-Sucedió que se me puso un poco difícil la situación económica, y confiando en el magnífico historial de crédito que tengo: No buró de crédito; cero saldos vencidos en mis tarjetas; un pequeño ahorrillo y mi sueldo decoroso, supuse que podría acceder a un préstamo personal en el banco con el que siempre me he manejado. Y ahí voy con el ejecutivo de cuenta. Un trato excelente: Que si un dato por aquí; que si otro por allá; que desde cuando es nuestro cliente . . . en fin, en menos que les cuento, el préstamo estaba en vías de autorización.
-En tres días máximo tiene su crédito autorizado, me dijo el funcionario; de mañana a pasado le van a hablar del D. F. para verificar algunos datos y listo. Si antes hay algo, yo me comunico con usted. Fue lo último que escuché.
Salí feliz del banco agradeciéndole a la vida mi buena fortuna. Y, efectivamente, a los dos días recibí la anunciada llamada del D. F. Toda atención la dama al otro lado de la línea.
-Que qué edad tiene . . . Que cuántos dependen de usted . . . Que cuánto gana . . . Que si otros ingresos; que si esto . . . que si lo otro . . . y al final: ¿Donde vive?. Filemón Garza 176, Col. Las Margaritas en Torreón, Coah. –Dije fuerte y claro, orgulloso de vivir en una colonia de clase media, para hacerle notar que sí tenía capacidad de pago. Silencio en la línea. . . ¿Bueno señorita? . . .dije unas dos veces. Ya no recuerdo detalles, porque fui todo confusión cuando la dama insistió: Dijo: Torreón, Coahuila. . . Coa hui l a . . . deletreó con todo cuidado. Si señorita, repetí claramente: Torreón, Coahuila. Permítame, dijo la dama después de unos segundos que me parecieron eternos. Lo sentimos caballero –voz helada- su crédito no ha sido autorizado. ¡Quéééé!. Sorpresa de mi parte. ¿Cómo dice?. ¿Que no ha sido autorizado?. ¿Ya vio mi historial crediticio?; ¿Ya verificó mis ingresos?; ¿Ya vio que mis recursos son suficientes para pagar las mensualidades que me indicaron?. Nuevamente la voz helada y distante: Lo sentimos caballero, su crédito no ha sido autorizado. Por la frialdad de la voz ya esperaba que me dijera: Si no está conforme marque uno; si quiere más información marque dos; si . . . ¡Ya vió mi capacidad de pago!. Insistí. Mire caballero, voz condescendiente, su capacidad de pago es aceptable, pero debido a la deuda que les dejó el anterior gobernador, les están incrementando en gran medida los impuestos, amén de otros más que están inventando y en esas condiciones: ¡No hay capacidad de pago que aguante!. Los coahuilenses nos son sujetos de crédito. Añadió fríamente y cortó la comunicación.
Por eso, compañeros, me cambió a Gómez. ¡Allá si soy sujeto de crédito!.
J. Agustín Flores Avila